Seguramente no lo recuerdes, pues comer hasta antes de acostarse, e ingerir alcohol reduce notablemente la capacidad de recordar tus sueños. Además, está probado que cinco minutos después de haberte levantado olvidas el 50% de los sueños que tuviste en la noche, pero a los diez minutos habrás olvidado el 90%.
Es muy probable que anoche hayas tenidos cinco sueños de entre 5 y 20 minutos cada uno. Es tan probable como que no puedas recordarlos.
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Hay muchas formas distintas de soñar con situaciones relacionadas con la muerte. Pero no es lo mismo soñar con la muerte propia que con la de un familiar o la de un desconocido, y hay que tener en cuenta también, que en ningún caso nos referimos a una pesadilla, sino a un sueño tranquilo y reflexivo, que puede tener significados muy diversos.
Muchas de las interpretaciones provienen de las supersticiones populares, como por ejemplo:
Si sueñas que muere un hijo, es de buen augurio. Quiere decir que podrás evitar una desgracia. Si por el contrario la fallecida es una hija, es un mal presagio sobre un disgusto muy grande que será inevitable.
Si estás comiendo con un muerto, o sueñas con un muerto mientras gozas de buena salud, se supone que te estáis alargando la vida. Tropezarse con alguien que ya ha fallecido representa una buena entrada de dinero. Si en el sueño los muertos salen de sus tumbas, es todo lo contrario, así como soñar con el fallecimiento de la pareja es representación de la ruina de un negocio.
Aunque parezca que todas estas interpretaciones no tienen más bases que la tradición, muchas de ellas tienen un lógico pie psicológico relacionado con la idea que tenemos de la muerte, y de las personas que han fallecido. Por ejemplo, si sueñas con tus padres resucitados, es un buen augurio de tiempos de felicidad. En efecto, los padres representan la juventud, la despreocupación, y las épocas de mayor felicidad. Soñar que ellos resucitan, es soñar que uno vuelve en su psicología a la despreocupación, y por lo tanto uno se levantará predispuesto a la felicidad.
De esa misma manera, sabemos que para las personas mayores de edad, soñar con la muerte es algo positivo psicológicamente ya que los prepara y los tranquiliza, empezando a asumir ese proceso como algo natural.
Soñar con un ser querido que ha fallecido, es la manifestación de haber encontrado un punto en particular que une a las dos vidas. Algo estamos haciendo igual que esa persona que ya no está, y nuestro subconciente nos lo recuerda en sueños. Algunos autores también sugieren que puede representar algo que nos falta, y que esta persona fallecida representa.
Por supuesto, entablar una conversación con esta persona quiere decir que algo nos falta hablar, que algo nos quedó pendiente, y recurrimos a los sueños para hacerlo.
Los expertos señalan que soñar recurrentemente con la muerte, especialmente si se tienen sensaciones fuertes con respecto a ello, es algo que debe ser tratado con terapia psicológica, ya que podría ser un problema grave.
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En promedio, un coreano tiene 15 centímetros de distancia entre el hombro y el cuello, y 11 centímetros entre la espalda y el cuello, algo que las consultoras y médicos modernos supieron recientemente, pero que ya estaba plasmado en los Toechim. Unas almohadas de madera de 15 x 11 centímetros que usaban hace miles de años.
La técnica se mejoró cambiando algunos materiales. Se usaba bambú en verano, permitiendo que el aire corra y aprovechando la humedad del material. También se desarrolló una almohada más mullida con tallos de arroz, llamada Golchim.
Sin embargo el Toechim era muy aprecido y fue usado hasta comienzos de la era moderna por distintos miembros de la sociedad, e incluso hoy se usa en ocasiones ya que se le atribuyen características de tratamiento quiropráctico natural para el cuello y los hombros.
En los hogares de la elite se incluía una superficie trabajada con piel de conejo o de oveja. Pero este invento no se detenía en la comodidad para dormir. Además solía incluirse en su interior un pequeño cajón en el cual las mujeres solían guardar sus cepillos para el pelo, y posteriormente los primeros escritos.
De hecho, existe un libro conocido como El Libro de la Almohada (Makura No Soshi) que se basa en escritos encontrados en almohadas de mujeres (esta vez en Japón), utilizando un lenguaje que les estaba prohibido en ese momento (996 después de Cristo).
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