
El sueño del bebé no es como el nuestro. Los niños de menos de seis meses duermen entre 16 y 20 horas por día, pero se mantienen la mayor parte del tiempo en un estado llamado “sueño activo” o REM.
La diferencia entre el sueño activo y el pasivo empieza a detectarse desde las 30 semanas de embarazo y marca la personalidad del bebé durante el primer medio año de vida. No es recomendable que duerma en la cama de los padres, y para crear un sueño profundo y continuo en la criatura, es importante que distinga la diferencia entre estar dormido y estar despierto. Quiere decir que en cuanto se despierte, es conveniente levantarlo y jugar con él, demostrarle que es muy diferente a estar tranquilo y recostado.
De allí en más, los transtornos para conciliar o mantener el sueño van a estar relacionados directamente con la vida familiar. Es importante que duerma entre 10 y 12 horas, y que encuentre que su cama o cuna es cómoda, cálida, y reconfortante.
Es fundamental tener presente que, como dice Pierre Passouant (investigador francés, reconocido por sus avances en el tema) “los sueños REM no se manifestarán en el niño hasta la edad de 2 o 3 años. Pero a partir de entonces acompañarán al sujeto hasta el fin de sus días, aunque él no lo tenga presente, lo olvide o lo niegue. El Sueño REM nace con nosotros y está presente antes de nuestra vida extrauterina”.
Fuentes: Clarín, Solohijos, y BebesyMás.
