Sucede que durante el día (cuando predomina la pocisión vertical del cuerpo), nuestro propio peso nos aplasta. Los cartílagos invertebrales se comprimen poco a poco cada hora de una forma casi imperceptible. Al final del día, antes de acostarnos, habremos perdido ¡¡casi un centímetro de altura!!
Por el contrario, cuando volvemos a la cama y pasamos ocho horas durmiendo, los cartílagos se vuelven a descomprimir y recuperamos nuevamente la altura de la mañana. Esto quiere decir que, sin notarlo, todos los días crecemos o perdemos un centímetro según se lo mire.
Es una curiosidad de la vida real que analiza el Licenciado en Ciencias Químicas y Catedratico de Física y Química, Cayetano Gutiérrez Pérez en su libro Fisiquotidianía.
